ADOPCION I

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LA ADOPCIÓN. Se la define como la “institución fundada en un acto de voluntad del adoptante y que por medio de una sentencia judicial crea una relación de filiación asimilada en sus efectos a la filiación matrimonial” Se trata de una institución de protección familiar y social, especialmente establecida en interés del menor, para dotarlo de una familia que asegure su bienestar y desarrollo integral. No puede dejar de manifestarse que al fundamentarla en el INTERES SUPERIOR DEL MENOR, se está reconociendo plenamente que se trata de una típica institución protectora de la minoridad.

Las repercusiones que se producen en la familia y en la sociedad, son el resultado de aquella función esencial de protección al menor adoptado.

La adopción es un medio de prevención del abandono del niño y en consecuencia, de defensa y respeto de los derechos garantizados en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, hoy incorporada a la Constitución Nacional como derecho positivo argentino.

La reforma constitucional de 1994, incorporó entre los pactos internacionales con jerarquía constitucional a la CONVENCIÓN INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS DEL NIÑO, cuyo art. 21, dispone: “Los estados que reconocen o permiten el sistema de adopción cuidarán de que el interés superior del niño sea la consideración primordial” Principio éste reafirmado por el Convenio suscripto en La Haya, no ratificado por nuestro país, sobre la protección del niño y la cooperación en materia de adopción internacional, que ha llevado a los principales tribunales constitucionales de América y de Europa, a apelar a esta pauta, consideración primordial del interés superior del niño, para resolver los conflictos que presenta la figura de la adopción”.

De acuerdo a la redacción de nuestra ley, el Juez en todos los casos y sin excepción alguna, deberá valorar el interés del niño, ello no implica una facultad sino que configura una imposición de la ley al magistrado. Igualmente, no puede dejar de distinguirse el “interés superior del adoptado” y la inmediata solución que la adopción proporciona a su problema de desamparo.

Si bien es cierto que el desamparo y el abandono, funcionan como disparadores del proceso adoptivo, esto representa sólo uno de los aspectos del problema a solucionar. La valoración que debe hacer el juez al momento de decidir una adopción, además de resolver el problema de desprotección, debe ser hecha a partir de variables socioculturales que van mucho más allá de esa desprotección o el desamparo. El menor desamparado, como sujeto de derecho, tiene una procedencia, una identidad y una pertenencia sociocultural que, obviamente, la ley debe respetar, como claramente lo establece la Convención sobre los Derechos del Niño. Por lo tanto es menester que cada caso sea considerado dentro de la compleja relación del niño con “su mundo”.

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