La noción de tenencia compartida surgió como una consecuencia de los nuevos roles que desempeñan los padres, donde en la actualidad tienen mayor participación en la evolución y crecimiento de sus hijos en comparación con anteriores generaciones. La acentuada preferencia reconocida a la madre para la tenencia, ya venia siendo criticada como abusiva y contraria a la igualdad entre los géneros.
En realidad se tratan de resolver dos aspectos importantes:
1.- Que los hijos tengan la posibilidad de tener a los padres con las mismas responsabilidades que tenían antes de divorciarse o separarse, puesto que si eran idóneos juntos para ejercerla en forma conjunta, también se les debe reconocer” esa idoneidad “, cuando se separan por la causa que sea, sin perder de vista, que los hijos son las vìctimas del conflicto y no los generadores.
2.- Que los padres puedan continuar cumpliendo su rol plenamente, sin contaminar la relación paterno-filial con los conflictos derivados del fracaso matrimonial del cuàl son los únicos responsables. Así como compartieron la patria potestad estando juntos, se busca la posibilidad de que compartan el ejercicio de la tenencia estando separados, siempre que no perjudique el interés superior del niño.
El objetivo es entonces, posibilitar un cambio y reestructuración de las relaciones familiares preservando la paterno-filial.