De acuerdo con lo establecido por la CONVENCIÓN INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS DEL NIÑO, todo niño tiene derecho, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos. Tiene derecho también a no ser separado de los mismos, contra la voluntad de éstos, salvo cuando esta separación fuera necesaria para resguardar SU INTERES SUPERIOR.

Como principio general se impone no separar a los hijos de sus padres, porque la ley natural indica que, por regla, lo más conveniente para el niño es que este crezca y desarrolle su personalidad en FAMILIA, junto a las personas con quienes se encuentra unido por un vínculo biológico.

La premisa que considera a la familia biológica como el ámbito más favorable para el desarrollo de los niños, no es absoluta, como tampoco lo es el derecho que se reconoce a los padres para tomar a su cargo la educación y crianza de sus hijos, pues ambos deben ceder en los casos en que se demuestra que EL INTERES SUPERIOR del niño exige adoptar en forma excepcional otra solución. En estas hipótesis, que constituyen la excepción, la separación del niño de su familia de origen busca priorizar el bienestar y estabilidad del menor, por encima de cualquier otro interés que estuviera afectado; como así también preservarlo de situaciones traumáticas, que  OBSTACULICEN su pleno desarrollo psíquico, físico y espiritual, y la construcción de su personalidad.

En los CASOS en que un niño ha sido separado de sus padres, para ser criado en el seno de otra familia, (situación que se produce  cuando el niño se encuentra en riesgo),  y luego su familia de origen reclama su restitución, la solución debe encuadrarse en función de la CONVENIENCIA que la medida signifique para los INTERESES DEL MENOR.